Pilar Albiac recuerda su paso por RD desde su amada Zaragoza

Doña Pilar Albiac, quien fungió como subadministradora de los diarios Hoy, El Nacional y El Día, habla para el periódico El Heraldo de Aragón, a través del periodista Pablo Ferrer, sobre su vida en Zaragoza, luego de casi cuatro décadas en República Dominicana, donde laboró para el empresario José Luis Corripio.

Aquí la entrevista:
Casi medio siglo en Santo Domingo. Se dice pronto.

Llegué a principios de los 70 y llevo muy poco tiempo aquí, de vuelta en Zaragoza. Desembarqué en la isla con un esposo y una hija que había nacido 40 días antes en España; nos fuimos a vivir a San Juan de la Maguana, al oeste del país, solo paramos en la capital a desayunar.

Él había venido a estudiar medicina a España tras la revolución de abril en República Dominicana, en 1965, animado por sus padres; primero fue a Valencia y luego terminó en Zaragoza. Yo soy caspolina, y también tengo raíces en Zaragoza y Morés.

Hizo su vida en el Caribe. ¿Qué la ha traído de regreso?

Vine para cuidar a mi madre, que desafortunadamente falleció el pasado verano. He decidido quedarme aquí, me gusta cómo está Zaragoza, el ritmo de vida. Son pequeños detalles: me encanta sentarme en la plaza Aragón y mirar pasar a la gente paseando, por ejemplo. Santo Domingo no es una ciudad que se pasee, salvo algunos puntos de la zona colonial. El vehículo se usa para todo.

Ha pasado casi toda su vida profesional trabajando para el Grupo Corripio.

La mayor parte de mi etapa allá, 37 años, la he pasado como administradora de la Fundación Corripio, fundada por el empresario asturiano don Manuel Corripio. Fue la base de todo lo que desarrolló luego la familia en el plano empresarial y social. Un hombre excepcional, ejemplar en cuanto a ingenio y dedicación, que se desvivía además por sus empleados.

Don Pepín, su hijo, heredó esos talentos; es muy exigente, y también una persona muy inteligente, con un gran sentido de la justicia. Ha dado forma a uno de los grupos empresariales más grandes de América Latina, que abarca múltiples áreas, entre ellas la comunicación, y sigue siendo un trabajador incansable a sus 87 años. Tuvo cuatro hijos, que se fueron incorporando a la dinámica de sus empresas; todos tienen esa mezcla de olfato para los negocios y ética de trabajo.

Usted ha asistido en primera fila al gran desarrollo de la prensa caribeña.

Ha sido un placer trabajar con la familia Corripio, por el trato y los retos, desde que entré como asistenta administrativa a mi etapa como ejecutiva, tanto en el apartado de compras como en dinámicas logísticas, y en varios periódicos: el vespertino ‘El Nacional’, el diario ‘Hoy’ y también ‘El Día’. Con la Fundación estuve hasta 2019 y tuve asesores magníficos como el escritor José Alcántara Almánzar.

¿Qué experiencias especiales marcaron esa larga trayectoria en la Fundación?

Recuerdo con cariño la visita de dos grandes escritores españoles. Rosa Regás vino cuando era directora de la Biblioteca Nacional Española; muy cálida, de una conversación exquisita. Por su parte, Camilo José Cela resultó ser encantador; fue un placer recibirle en Santo Domingo. La verdad es que teníamos algo de temor ante su llegada, le precedía una fama de persona difícil de complacer, pero estuvo muy feliz todo el rato, con la sonrisa puesta.

También vino otro premio Nobel de Literatura, José Saramago, aunque su visita estaba más relacionada con la promoción de un nuevo libro.

Tiene tres hijas, y la mayor ha seguido sus pasos en el grupo.

Estoy muy orgullosa de las tres. La que nació aquí, Isis, vive en Santo Domingo y trabaja en la Distribuidora Corripio; tengo otra en Madrid, Tania, que actualmente se dedica al márquetin digital, se preparó en publicidad y arquitectura efímera. La tercera, Patricia, es bailaora de flamenco, ha actuado con Concha Buika; vive ahora en Fuerteventura después de haber expandido el flamenco en Dominicana, y trabaja en turismo, además de ejercer como artista y docente.

Para hacer la ronda de visitas Tiene que desplazarse lo suyo…

He pensado en vivir con alguna de mis hijas, pero aquí estoy muy bien.

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