Samaná, el reducto salvaje de República Dominicana

Abriéndose paso entre caminos serpenteantes plagados de frondosa vegetación, y como telón de fondo el azul turquesa de sus aguas, aparece imponente Santa Bárbara de Samaná, la capital de la península que lleva su segundo nombre, Samaná. Lo salvaje de su naturaleza, unas playas vírgenes infinitas, la hospitalidad local y un turismo enfocado al cuidado del medio, son las características de una de las zonas más atractivas y sorprendentes de la República Dominicana, por eso no es de extrañar que exclamen que esta zona del país es «un Caribe diferente».

HUELLA TAÍNA

Su historia comienza mucho antes de la llegada de Colón, con el dominio Taíno, el pueblo indígena que habitaba buena parte del territorio del Caribe. Sin embargo, la fundación de la que a día de hoy es la colorida y bella capital de la provincia, Santa Bárbara de Samaná, se hizo en 1756.

CON VISTAS A LA BAHÍA

Sus aires de pueblo marinero y sus casitas coloniales de madera, alegres y llenas de color que tiñen el malecón o Avenida de la Marina de rosas, azules, verdes o amarillos, son parte de la esencia que le rodea. Igual que la historia que han visto las aguas de esa bahía, donde durante años europeos y haitianos se han disputado su terreno y donde cada año, desde diciembre hasta marzo, las ballenas jorobadas lo convierten en su lugar de apareamiento y cría sirviendo de atractivo para locales y turistas.

MEZCLA DE CULTURAS

La diversidad y la herencia cultural de esta región es fascinante. Dan prueba de ello los petroglifos y las pictografías dejadas por los pueblos indígenas en las paredes de las cavernas; la pluralidad y diversidad de religiones -protestante, católica y metodista- que se encuentran entre sus iglesias; los bailes tradicionales, que van desde el africano bamboulá hasta la bachata; o la herencia culinaria, que mezcla las raíces anglocaribeñas con la cocina criolla dominicana. Así es la Península de Samaná, un paraíso virgen en donde descubrir la esencia dominicana desde otro punto de vista.

EXPERIENCIA LOCAL

Recorrer su capital es profundizar en la mezcla de culturas y descubrir lo local desde dentro. Uno de esos lugares es el Mercado Central de Samaná, donde conocer los productos tropicales que crecen en esta zona como el maíz, el arroz o el coco, del que esta región es la mayor productora de la isla. O comiendo en alguno de sus restaurantes locales como Tierra y Mar, donde es imprescindible probar el lambí, la masa de cangrejo, el pescado al estilo Samaná o el arroz moro de guandules (unas habichuelas negras que le aportan color a este arroz cocido en leche de coco). Al caer la noche, también vale la pena acudir a tomar algo a alguno de los drinks que se ubican en el malecón, donde disfrutar de la cerveza y la música local.

EL EMBLEMA DE LA CIUDAD

Uno de los edificios más emblemáticos de Samaná, además de su malecón, es La Churcha. Convertida en Patrimonio Cultural, esta iglesia de madera de diseño gótico tiene de especial que fue construida por afroamericanos liberados en el siglo XVIII después de que el gobierno haitiano les ofreciera tierras de cultivo gratuitas. Su nombre es un giro dominicano de la palabra inglesa church (iglesia) y en su interior se practica la fe metodista africana.

UN SANTUARIO NATURAL

Durante siglos, las poblaciones de ballenas jorobadas que surcaban estas aguas fueron capturadas para comer su carne, utilizar su aceite como combustible y sus barbas como herramientas, haciendo que a mediados del siglo XIX su población disminuyera dramáticamente hasta convertirla en una especie seriamente amenazada.

Sin embargo, la lucha por recuperar la especie y el ansia por hacer de Samaná un paraíso sostenible y ecológico, han vuelto a hacer de la bahía de Samaná uno de los mejores lugares del mundo para la observación de las ballenas en su hábitat natural. Sus aguas cálidas, protegidas y poco profundas son el motivo de que cada año migren hasta aquí, en un largo viaje que va desde el Atlántico Norte hasta el Caribe, cerca de 2000 ejemplares con el fin de socializarse, aparearse y parir a sus crías.

Todo esto lo cuentan a la perfección en el Museo de las Ballenas de Samaná, un lugar en el que aprender sobre estos mamíferos y sirve como papel fundamental en la educación local para con las ballenas y el hábitat en el que viven.

LA JOYA DE LA NATURALEZA

Declarado Parque Nacional en 1976, Los Haitises (que en taíno significa tierra montañosa) son una de las joyas de la naturaleza dominicana que vale la pena acercarse a visitar en un pequeño viaje en barco.

Con una extensión de 1.600 kilómetros cuadrados, este paraje natural está lleno de formaciones rocosas, cayos, manglares -que sirven de hogar a pájaros, plantas y todo tipo de animales marinos–, playas desiertas y cuevas visitables como la del Arcángel San Gabriel. Entre su fauna se pueden ver pelícanos, garzas, el halcón de Ridgway, el pájaro carpintero de Sierra o La Hispaniola.

PARAÍSO TERRENAL

Otra de las excursiones imperdibles a realizar desde Samaná de la mano a la visita de Los Haitises es Cayo Levantado. Este islote, también conocido como Isla Barcardí por haberse filmado allí en 1970 uno de los anuncios más sonados de la marca, está a tan solo cinco kilómetros de la Bahía de Samaná. Su naturaleza salvaje, sus playas de arena blanca bordeadas de palmeras y sus pequeños barecitos y restaurantitos de cocina local, lo convierten en un auténtico atractivo.

ESCAPADA PERFECTA

Una de las excursiones más habituales desde la capital es la visita a Las Terrenas, un pueblo de ambiente isleño que se desarrolla a lo largo de un gran malecón en el que los restaurantitos, bares con chill out y vistas al mar, además de pequeños hoteles boutique hechos de madera, son su gran atractivo. Además de sus impresionantes playas, como Playa Bonita o Playa Cosón, donde los vendedores ambulantes de cocos, raspadillas y piña colada ayudan a refrescarse del calor. Al caer la noche, esta zona se llena de música que va desde la bachata hasta el R&B, haciendo de este pueblito de pescadores el centro de la fiesta de Samaná.

EL PARAÍSO TERRENAL

En el extremo norte de la península de Samaná se encuentra un remoto pueblo de pescadores que conquista a todo el que pasa por allí. Se llama Las Galeras y es, literalmente, un paraíso terrenal. Allí se encuentran algunas de las playas más bellas y salvajes de toda República Dominicana, como Playa Rincón, una extensión de arena blanca salvaguardada por montañas rocosas llenas de frondosa vegetación tropical.

Si se viaja hasta allí hay que aprovechar para comer en el restaurante Rincón Rubí antes de llegar a la playa y en el que preparan cocina local. Arroz con habichuelas, pescado frito, patacones, yuca frita, ensalada y frutas tropicales de postre.

HACIA EL INTERIOR

El Salto El Limón es otra de las experiencias inolvidables de la zona de Samaná. Se trata de un recorrido aventurero de 5 kilómetros en total (se puede hacer a pie o a caballo) que lleva a los visitantes a través del paisaje selvático de la isla hasta uno de los saltos de agua más bonitos de la zona, la cascada El Limón, que cae desde la parte alta de la Sierra de Samaná a una altura de 40 metros de alto.

Sus aguas cristalinas y brillantes, las del río Limón, son el lugar perfecto para practicar barranquismo o darse un baño en las pozas de agua dulce que se forman en la ciudad de El Limón. O bien, terminar relajándose en la playa que lleva el mismo nombre, playa El Limón, un precioso lugar donde disfrutar de una zona que en otros tiempos fue hogar de los piratas que rondaban Samaná.

LA FORMA DE RECORRERLA

Recorrer esta península plagada de actividades y entornos inimaginables requiere de un coche. No solo por la libertad de parar dónde se quiera, si no por la naturaleza del terreno y la dificultad para encontrar transportes públicos que lleguen hasta ellos.

Otra alternativa son las excursiones que organizan desde Coming2, quienes han creado alrededor de toda la península de Samaná una serie de rutas naturales, culturales e históricas que permiten a los viajeros conocer esta zona como un auténtico local y llegar hasta los rincones más recónditos de la isla. ¿El fin último? ¡Que no se pierdan nada!

EL AUGE DEL ECOTURISMO

El creciente auge por el cuidado del medio y el ecoturismo de la zona está fomentando la proliferación de pequeños hoteles boutique enfocados a la sostenibilidad, así como ecolodges en medio de pueblecitos y parajes inimaginables como el Tree House Hotel, ubicado en el pueblo de El Valle.

Pero, para quienes buscan la tranquilidad y la comodidad, también existen alternativas como el Luxury Bahía Príncipe Samaná. Un hotel ubicado entre la ciudad de Samaná y el pueblo pescador de Los Cacaos; un alojamiento con una bellísima playa privada llena de vegetación, piscina, jacuzzi, spa y cuatro restaurantes (un italiano, uno especializado e carnes, un buffet y otro más gourmet).

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